lunes, 13 de abril de 2015

Jordi Évole entrevista a Evo Morales: crónica de un revolcón periodístico anunciado.


El periodista Jordi Évole, acostumbrado aponer en apuros a todo tipo de personajes, sufrió en severo revolcón al entrevistar a al presidente boliviano Evo morales. Los espectadores pudimos ver cómo todos los dardos que llevaba para clavárselos a otro de los presidentes calificados desde Europa como “populistas” se le encajaban al él mismo desactivando el guion de una entrevista caótica, banal y sin interés. Visto lo visto, pareciera que Évole no consideró necesario preparar de antemano esta entrevista y menos aún buscar asesoría antropológica sobre las culturas indígenas de Bolivia ni sobre cultura política latinoamericana.

Évole desperdició una ocasión única para mostrar a sus espectadores la realidad de uno de los países latinoamericanos de mayoría indígena, que después de 500 años llevó a la presidencia a un indígena y sindicalista cocalero. El periodista mostró su supina ignorancia ante la invitación a probar la hoja de coca, hoja sagrada para las naciones indígenas que la han “acullicado” o masticado (del quechua akullikuy) desde hace milenios en el altiplano. Un periodista de uno de los países con mayor consumo de cocaína del mundo se mostró extrañado ante la invitación a masticar hoja de coca porque temía que sus efectos no le permitieran realizar la entrevista.

 ¿Évole desconocía que la hoja de coca no es cocaína? ¿No se había tomado al llegar a La Paz una infusión de hojas de coca para calmar “el mal de altura”? ¿Se imaginan que un periodista boliviano que viniera a España fuera convidado a comer unas uvas y las rechazara porque no quiere emborracharse antes de realizar una entrevista? Ese tipo de estupidez por ignorancia supina fue lo que llevó a Évole al rechazar las hojas de coca, presuponiendo que era como una invitación a esnifar cocaína delante de la cámara. Confundir la hoja de coca con la cocaína es tan absurdo como confundir las uvas con el vino. Pero eso era sólo el comienzo.

Évole tampoco pudo eludir la referencia al jersey multicolor que Evo Morales lució cuando vino por primera vez a España como presidente de Bolivia, noticia de tan hondo calado político que ocupó algunas  portadas de los medios españoles admirados ante tal extraterrestre prenda. La falacia protocolaria pareciera que descalifica de antemano a cualquier varón que no lleve corbata, indicando con ello que lo que está por fuera tiene mayor valor que lo que está dentro. Esta obsesión colonial porque los indígenas se vistan, piensen y hablen de acuerdo con los cánones europeos se resiste a morir después de 500 años. Ante la estupidez de insistir en el jersey multicolor con el que Evo Morales se presentó ante Zapatero y que hizo que el Rey Juan Carlos saliera despendolado a comprarle una corbata que le dio de regalo por si acaso no tenía dinero para comprársela, sentí vergüenza ajena y ganas de apagarla tele, pero me resistí, para ver si Évole recuperaba el rumbo, pero no. Hubo mucho más.

Évole insistió en todas las formas posibles en preguntas que tenían un único fin: que Evo Morales confesara que era un presidente populista y personalista y advertirle, como enviado de la modélica democracia española, que esto no era bueno para la democracia boliviana. Ante tanta insistencia, Morales le invitó a quitarse el “chip colonialista” y eurocéntrico y le dijo mucho más entre líneas: que su madre le había enseñado que a cualquier invitado, incluso a periodistas prejuiciosos y cansinos, había que tratarlos bien, porque eran “invitados”. También le explicó por qué no usa corbata: divide lo que hay arriba y debajo del cuello, la razón de los sentimientos.

Mientras Mariano Rajoy, presidente de la modélica democracia española, comparece en “modo plasma” y desplanta a los periodistas con ruedas de prensa “en silencio” o sin preguntas, un presidente Latinoamericano le concede a un periodista español una entrevista, le invita a acompañarle en su rutina diaria, y el periodista no tiene nada más que hacer que acusarle reiteradamente de ser “populista”. Es la cortesía eurocéntrica llevaba a su máximo nivel.

Pues bien, Évole recibió el revolcón que se merecía por parte de Evo Morales, así como “Anita Pastor” recibió el que le correspondía por parte de Rafael Correa, otro presidente latinoamericano a quien el periodismo “made in Spain” intentó ningunear y tratar con cajas destempladas pensando que iba a sacarlo de sus casillas. La superioridad etnocéntrica acabó hecha añicos y la arrogancia colonialista se desvaneció ante la cortesía indígena.

Évole salió como llegó: ignorando completamente la cultura boliviana, las culturas indígenas quechua y aymara y por extensión la realidad cultural y sociopolítica Latinoamericana.

¿Aprenderán de una vez o necesitan más escarmientos? 

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