lunes, 17 de junio de 2013

POLÍTICA PARA ADULTOS: del populismo latinoamericano al sado-masoquismo colectivo español.





Tradicionalmente se ha acusado a muchos líderes latinoamericanos de ser “populistas”. No necesito nombrar al finado Hugo Chávez, a Evo Morales o a Cristina Fernández para dar sentido a este concepto que está en en a punta de la lengua de periodistas y políticos a este lado del atlántico. El "populismo" es un término “made in Latinoamérica” y debe ser porque los políticos aquí son otra cosa y de todo, menos populistas.


Supuestamente, la característica fundamental de un líder populista es que apela "al pueblo” con un discurso visceral, carismático y pretende movilizarlo tocando su fibra sensible, arremetiendo contra las élites, contra los ricos y prometiendo al pueblo mejoras en su vida cotidiana; se trata básicamente de prometer mejor educación, mejor salud, vivienda digna, comida y empleo. Desde este punto de vista, José Ignacio Lula da Silva, ex presidente de Brasil, también fue un líder populista porque enfocó en los pobres su campaña electoral y prometió que cuando llegara a ser presidente todos los brasileños comerían 3 veces al día y no sólo los ricos. ¡Tremenda promesa y tremendo efecto!… Y es normal que esa promesa calara hondo, ya que México y Brasil reúnen al 50% de los pobres latinoamericanos. Términos como la “cesta básica” y “bolsa familia” han permitido  a millones de brasileños acceder a esas tres comidas diarias y poder mandar a sus hijos a la escuela.


En territorios asolados por la pobreza histórica, este apelo “al pueblo” y estas promesas suelen dar buenos resultados, porque la promesa del alimento despierta la memoria del hambre,  y el deseo de una vida mejor es un deseo muy humano, ontológicamente irreprochable. Atraído por las promesas, el pueblo vota —quizás engañado—, pero esas promesas generan una expectativa de mejora, y provocan esperanza.





Aquí en España el discurso político tiene otras claves y se mueve entre la irrealidad y el sadismo colectivo; nuestros líderes políticos tienen un discurso caracterizado por la incomprensibilidad absoluta, porque ya que no pueden ofrecer nada en concreto, mejor hablar sin que la gente entienda lo que dicen. Ejemplos hay muchos y algunos dan muchísima risa.


Si hablan de economía, jamás harán referencia a alimentos básicos, a la necesidad de comer 3 veces al día, ni a ninguna de esas “vulgaridades de ultramar”: aquí se habla de bonos, de créditos, mercado, de agencias de calificación, de la prima de riesgo y del “diferencial con el bono alemán”. Si no has llegado a tercero de económicas no podrás pillar un párrafo completo, y los ministros se esfuerzan no vocalizar, para que sea todo más ininteligible. Se niegan a hablar de las cosas elementales, porque entonces les entenderían los votantes. Sofisticando el discurso por encima de sus posibilidades, incurren en calamidades verbales de película, porque en muchos casos carecen de preparación en ciencias económicas e ingeniería financiera; es decir, hacen el ridículo, porque tampoco saben de economía ni de finanzas. Leen lo que sus asesores les han puesto en un papel, —y como ya le pasó a Rajoy—, si no entienden la letra no pueden responder a la pregunta. La única operación que hacen a las mil maravillas es sumar, a la demagogia, desparpajo


A diferencia de los “políticos populistas latinoamericanos”, que se pasan tres pueblos con las promesas, los políticos de aquí no prometen nada concreto en campaña electoral: directamente mienten, de modo que tienen las manos completamente libres si ganan las elecciones para excretar sobre el programa electoral. Si son elegidos y tienen la potra de obtener una mayoría absoluta, pasan a practicar un ritual sado-masoquista con los ciudadanos, a quienes prometen dolor, penurias, desempleo, desahucios, rebajas en la calidad de la educación y liquidación de los servicios sanitarios, o sea, un auténtico tormento de carácter civil, personal y familiar, que tiene como contrapartida la aceptación sumisa y complaciente de los ciudadanos. En todos los estudios que se realizan para evaluar el grado de conformidad, sentencia el CIS que si se repitieran las elecciones, volvería a ganar el PP casi con mayoría absoluta. Exhibicionismo de las corruptelas de partido y voyeurismo ciudadano son elementos intrínsecos de este ritual de pornopolítica del absurdo.


Es tan impúdico este ritual, que se practica sin intimidad y sin recato: las promesas de las calamidades que sobrevendrán se anuncian a bombo y platillo y a veces hasta cabe una sonrisa. Nuestro Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro,  pudo reírse mientras anunciaba 600.000 nuevos desempleados y usaba chascarrillos mientras anunciaba una subida del IRPF que dejaría a algunas familias sin una de las tres comidas diarias. Así de patético y así de triste.


Si en Latinoamérica los líderes populistas prometen nacionalizar bancos y empresas para devolvérselas al pueblo, aquí nuestros políticos prometen que los ciudadanos pagaremos con nuestro sudor hasta el último centavo del crédito que nos dará Europa para el saneamiento de las Cajas de Ahorro que previamente nos estafaron, se hincharon a cobrarnos comisiones abusivas, a vendernos productos tóxicos hasta acabar con nuestros ahorros, y nos avisan —para que no quede ninguna duda y porque el que avisa no es traidor—, que cuando hayamos pagado la factura millonaria de la banca,  se venderán estas entidades… a los que previamente se llevaron el dinero.  Y nos pregunta el CIS y decimos que volveríamos a votarles. ¿Estamos locos?


Esta especie rara de “desorden mental colectivo” que lleva a los votantes a elegir masivamente y de forma repetida como sus representantes a quienes les maltratan, a quienes el único empleo de calidad que crean es el de asesores y consejeros para sus hijos, esposos, hermanas y demás ganando una barbaridad, políticos que atracan a los contribuyentes malversando los fondos públicos y desviándolo a cuentas particulares, que han hecho infraestructuras multimillonarias inútiles y como no es suficiente con este abuso les quitan a los ciudadanos  —constitucional y democráticamente— los derechos laborales adquiridos, el derecho a la sanidad universal y gratuita y que depauperan un modelo de escuela pública de excelencia, merece un estudio serio, profundo  y urgente.


En mi opinión, el “populismo latinoamericano” quizás no tiene remedio y el “sadomasoquismo colectivo español” puede que no tenga cura. Ojalá que una conciencia ciudadana cualificada no admita ni lo uno, ni lo otro.

3 comentarios:

  1. Querida Aída, haces una descripción muy inteligente y clara de lo que está pasando en España. Empleas sutilmente el populismo latinoamerica y con la barbaridad salvaje de lo español, que inpúnemente nos hace más pobres en todos los sentidos. Enhorabuena. Espero que de una vez por todas, estalle el pueblo y de su merecida lección a esta canalla que nos está desgobernando.

    ResponderEliminar
  2. Magnífico... y aquí es donde encaja (o añade) la última entrada d Javier. Os pusisteis de acuerdo? Esta es nuestra realidad. Saludos a ambos.

    ResponderEliminar
  3. Ok algo sobre esto me pregunto mi hijo de doce años. Y le respondi hijo mio como sabras en nuetro pais panama hay mucho dinero .pero los governates solo le importa llenar su bolsillo y le importa el progreso de lis ciudadanos que viven en ella. Mi hijo me responde entoces yo estudiare mucho para ser presidente de panama y hacer las cosas justas como en alemania todos las personas viven de forma digna por que cada persona aqui es importate y yo le he dicho a mi hijo hijo mio tu estas muy pequeño para resolver los problemas de todo un pais con mucho exfuerzo he luchado para rescarte y vivas aqui en un pais si bien es cierto te ofrece buenos estudios y calidad de vida tu fuiste un niño elegido ojala no pierdas la vision de la vida solo aprovecha el exfuerzo que ha echo tu madre mi hijo me contesta gracias mama

    ResponderEliminar

Agradezco tus comentarios sobre las entradas de este blog.