viernes, 14 de octubre de 2011

PREPAGO, COPAGO Y REPAGO. ¿Los ciudadanos desconsiderados amenazan el futuro de la gratuidad de la sanidad?



La mayoría de los seres humanos venimos al mundo debiendo algo. La deuda  que los países arrastran hace que cada criatura que ve la luz por primera vez, ya deba decenas de miles de dólares sin haber utilizado nada de los bienes que este mundo puede ofrecer. Esta situación se agrava todavía más si naces en el Tercer Mundo, donde al nacer, tienes a tus espaldas una “deuda externa” que no solo recaerá sobre tus hombros, sino sobre tus descendientes.

En este momento, cuando la crisis económica hace estragos, dos de los servicios públicos más importantes y determinantes del “estado de bienestar”, están siendo fuertemente atacados: la ESCUELA PÚBLICA y la SANIDAD.

Hoy quiero reflexionar sobre la idea del “COPAGO” que viene planteándose como una posibilidad para inyectar dinero al sistema de salud.

Lo primero que me llama la atención es el nombre “COPAGO”. Este palabro significa que compartes los gastos de sanidad pagando un cuota por cada consulta médica, pero obviamente, está mal utilizada cuando se refiere a "compartir los gastos" que ocasionan los ciudadanos al sistema de salud cuando de enferman, porque en realidad es un “PREPAGO”: desde la primera nómina ya has estado pagando los servicios de salud que podrás eventualmente recibir. Lo pagas “antes de estar enfermo” y aunque no te enfermaras nunca lo pagarías igual. De modo que lo normal es que cuando usas un servicio médico ya hayas previamente pagado el coste por la atención que recibes.

Lo segundo: supuestamente, si se estableciera un precio por cada consulta, este importe –estimado por algunos en unos 5€-, actuaría como disuasorio para muchos ciudadanos que abusan del sistema de salud.

Personalmente, no puedo concebir la idea de que alguien, sencillamente porque le sobra el tiempo o no tiene algo mejor que hacer, decida pasar la tarde en un ambulatorio, o decida directamente irse a urgencias; es posible que muchos ciudadanos necesiten adquirir una “cultura sobre el uso racional de los servicios públicos”, pero deducir de este comportamiento inadecuado que pudieran tener algunos ciudadanos que pagando una cuota de 5€ se pudiera corregir, es –a mi modo de ver-, una falsa solución al problema.

¿No sería mejor educar a la ciudadanía sobre los beneficios que les reportaría hacer un uso racional de los servicios de sanidad? Si creemos que las campañas de concienciación sobre accidentes de tráfico ayudan a salvar vidas, ¿Por qué no hacer también campañas sobre los beneficios de un uso racional de las visitas al médico o del uso correcto del servicio de urgencias?

Primero fueron acusados los inmigrantes de “colapsar” las urgencias, o sea, nada más llegabas de Senegal, Colombia o Ecuador  lo primero que se te ocurría era ir a La Paz o al Gregorio Marañón a colapsar los servicios de urgencias; los inmigrantes los que supuestamente estaban colapsando las urgencias eran el “chivo expiatorio” del desfalco de las cuentas de sanidad, pero luego fueron los ancianos, los que estaban todo el día en el ambulatorio buscando recetas para llenar los botiquines domésticos de medicamentos,  y luego los padres desconsiderados los que llevaban los niños al pediatra para amortizar la cuota que pagan en sus nóminas en concepto de seguridad social. Ya todos somos “culpables” de haber generado ese déficit y ahora todos somos responsables de darle alguna solución. Pero hay miles de millones de euros que se han quedado por el camino y que no se han gastado precisamente en consultas ni recetas. 

¿Quién o quiénes deben responder por el uso correcto de el presupuesto multimillonario de sanidad? Cuando los ciudadanos paguemos esos 5€ por consulta, ¿Los gestores y administradores del presupuesto de sanidad harán mejor su trabajo?

Si hay un déficit en sanidad, no creo que sea por las visitas innecesarias de ciudadanos desconsiderados al médico; pienso que los gestores de los presupuestos millonarios de sanidad, los políticos que han decidido “externalizar servicios”, las empresas concesionarias de las construcción de hospitales tendrían mucho que decir sobre cómo se ha generado este déficit, mucho más que los ciudadanos “imprudentes” o “desconsiderados”.

Y si al final vamos a tener que pagar, -como todo parece indicar-,  llamémosle “REPAGO” porque sería la palabra más ajustada a la realidad. 

¡Nunca la sanidad fue gratis porque  siempre la pagamos entre todos!

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