miércoles, 24 de agosto de 2011

GADAFI, OBIANG Y BASHAR AL-ASSAD: tolerancia desigual ante los crímenes de estado


Se anuncia ya a toda página la inminente caída de Gadafi de la misma forma que se anunciaba hace años la caída fulminante de Sadam Husein. Para derrocar a Sadam hizo falta una guerra ilícita que ha causado la muerte de cientos de miles de ciudadanos inocentes y que ha devastado a Iraq. Como no podíamos darnos el lujo de repetir ese error, para derrocar a Gadafi buscamos el amparo de la OTAN, para igualmente bombardear lo que se ponga por delante, -pero ahora de forma "legal"-, hasta conseguir la muerte o la renuncia de este excéntrico y cruel tirano.

Lo que me pregunto es dónde están las verdaderas causas de esta intervención, -quizás inconfesables- y qué error ha cometido Gadafi que colmó la paciencia de Sarkozy, Berlusconi, y otros líderes europeos que hasta hace dos tardes, le recibían con  honores de Jefe de estado. España se ha sumado a la intervención militar, y no es fácil comprender qué fue lo que destruyó la amistad y el trato exquisito que se le dimos a Gadafi cuando nos honró con su visita; ya no le permitiremos una excentricidad más, ni le extenderemos otra invitación para que vuelva a plantar su jaima en El Pardo.


Quien antes era recibido con todos los honores de Jefe de estado y con quienes todos los países europeos democráticos firmaban contratos multimillonarios  se ha vuelto, -de un día para otro- el nuevo Bin Laden, a quien hay que matar o perseguir a toda costa y cueste lo que cueste. Inclusive las “muertes colaterales” de civiles que caen abatidos por las bombas de la OTAN quedan justificados por la necesidad de abatir al tirano.


Mientras todo esto ocurre en Libia, muy cerca, en Siria, El Asad masacra a la población civil sin que todavía nos resulte insoportable. Europa tímidamente le pide, ruega o recomienda a El Asad, que no siga disparando a quemarropa a la población civil mientras este genocida hace oídos sordos a los ruegos y condenas. Por otro lado Obiang, a quien visitaron recientemente nuestros diputados, con el ínclito Bono a la cabeza, mantiene desde hace décadas en Guinea una dictadura de hierro, de las peores que campan a sus anchas por África en este momento.


¿Por qué tratamos de forma tan diferente a estos genocidas? 


¿Qué hizo Gadafi que no hayan hecho El Asad, Obiang y otros, que colmó nuestra paciencia democrática?


Disculpen señores, pero tanta hipocresía y tanta falsedad resultan ya, insoportables.

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