sábado, 27 de octubre de 2012

RACISMO E INMIGRACIÓN. Réquiem por los náufragos subsaharianos.




El jueves 25 de octubre, intentando llegar a Europa, naufragó una “patera” con inmigrantes subsaharianos en aguas marroquíes. Además de los 14 cuerpos recuperados sin vida, se encontraron 17 supervivientes, pero no estaban todos. 40 compañeros del infortunado viaje, 40 seres humanos hijos de África, cuna de la humanidad y del mismo color de los africanos que hace siglos fueron secuestrados, arrancados de sus sociedades y familias y vendidos como esclavos a las potencias europeas, siguen flotando o hundidos en el mar, sin que nadie les busque para identificarles y darle sepultura, como corresponde a nuestra especie.

Esta coincidencia en el color de la piel de aquellos esclavos y de estos defraudados inmigrantes no es una casualidad, porque precisamente, este hecho y la colonización de las sociedades de las que provienen esos seres humanos, han sido afectadas por una jerarquía racial que justificó y legitimó la esclavitud de los africanos por carecer de alma,  por ser “subhumanos” en la mirada de los europeos que previamente habían legitimado la inferioridad y servidumbre de los indígenas en América en virtud de  la superioridad racial blanca. Este proceso de inferiorización de unos seres humanos bajo el dominio imperial, blanco y eurocentrista tiene su corolario en el desprecio por estas vidas que cada día aparecen en nuestros telediarios y que a nadie asombra.

Uno de los más perversos efectos de la ideología racista, que goza de excelente salud en el siglo XXI, es la naturalización del sufrimiento de un tipo de seres humanos cuya vida no es lo suficientemente valiosa como para ser preservada. Los niños que mueren en África y en América Latina por carecer de agua potable, por carecer de medicamentos que ya conocemos y que se caducan en las farmacias occidentales no son de cualquier color. Es impensable que nadie perciba este “detalle”, la coincidencia del color de los oprimidos, de las víctimas, y que este sufrimiento se haya convertido en algo tan normal que ni siquiera muchas veces es considerado digno de ocupar la portada de la prensa.

40 jóvenes africanos que intentaban llegar a Europa buscando un sueño, buscando una vida mejor, procedentes de países ricos, pero expoliados y arrasados por el colonialismo, el hambre y las guerras, naufragaron en aguas marroquíes. Marruecos, el país árabe que Europa considera modelo del Islam democrático y con quien tiene acuerdos millonarios en materia de pesca, agricultura y relaciones internacionales e inmigración, no se responsabiliza por esas muertes ni busca a esos africanos subsaharianos porque no es su problema; España tampoco puede buscarlos porque Marruecos no ha solicitado ayuda. ¿En qué clase de mundo vivimos? ¿Qué clase de inmoralidad y crueldad es esta?

Y yo me pregunto: si un grupo de jóvenes españoles excursionistas hubiera sufrido un naufragio en aguas marroquíes, ¿No les estarían buscando las autoridades marroquíes? Si Marruecos no les estuviera buscando, ¿No hubiera cursado el Ministerio de Asuntos Exteriores una llamada urgente a Marruecos exigiendo la búsqueda inmediata de los desaparecidos? ¿No hubiera habido una llamada urgente del Rey a su “primo” Mohamed VI para que de forma inmediata España pudiera localizar esos cuerpos y entregarlos a sus familias? ¿Se dejarían a merced de los tiburones como si fueran peces tirados por la borda porque no cumplen los criterios para ser vendidos en el mercado?

Nosotros los seres humanos, a diferencia de otros animales “inferiores”, enterramos a nuestros muertos y los lloramos; hacemos un duelo y hacemos rituales relacionados con la muerte. ¿No son humanos estos africanos? ¿No merecen que sus cuerpos sean recuperados, llorados, y que reciban una sepultura digna?

Me pregunto también: ¿Se han pronunciado ya las autoridades europeas exigiendo a Marruecos la búsqueda urgente de estos cuerpos? ¿Actuarían igual los representantes de Europa si fueran jóvenes nacionales de algún país miembro de la UE? ¿Si los náufragos  fueran holandeses, franceses o alemanes, tampoco les estarían buscando porque Marruecos no lo ha solicitado?

Lamentablemente, este silencio cómplice, esta inhumanidad con el que se ha tratado a estos infortunados africanos, es el correlato más crudo y la evidencia más sangrante del racismo de estado, de esos mismos estados que hace siglos extrajeron de África las riquezas que les permitieron constituirse como potencias mundiales, y que hoy desprecian la vida de estos inmigrantes al punto de no merecer ni siquiera una muerte digna, ya que no pudieron tener una vida digna.

Ojalá que la historia vengue de alguna forma este desprecio, esta indignidad y esta crueldad que condena a millones de seres humanos a una vida y una  muerte indignas por el color de su piel, por ser pobres y por seguir siendo "infrahumanos", en la visión despiadada de los poderosos.

Hijos de África, hermanos e hijos nuestros: Descansen en paz. Muchos ciudadanos de bien lloramos vuestra pérdida y lamentamos profundamente este comportamiento cruel y despiadado con que os han tratado, y nos avergonzamos por pertenecer a la misma especie de esos “otros” para quienes vuestra muerte es algo irrelevante.

Ojalá que vuestras almas puedan encontrar en la muerte el sosiego y el consuelo que no pudieron alcanzar en esta vida.

R.I.P

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Agradezco tus comentarios sobre las entradas de este blog.