sábado, 29 de septiembre de 2012

¿LA POLICÍA ES EL PUEBLO?



Pues no. Mientras está en “acto de servicio” la policía no es el pueblo y puede actuar contra el pueblo. En esos casos, casco en la cabeza, y porra o fusil en mano son agentes del orden, un cuerpo represivo que sencilla y llanamente “ejecuta órdenes”… las que sean. Si la orden es disolver una manifestación, te disuelven a porrazo limpio, y si les ordenaran disparar, disparan. La idea tan difundida en las “modélicas democracias occidentales” de que la función de la policía y el ejército es atender a los pobres, hacer puentes, escuelas y hospitales en el tercer mundo es el lado “humanitario” de unos cuerpos que tienen el monopolio de la violencia legítima. 

Su función es la misma en democracia o en una dictadura: obedecer a los mandos superiores y ejercer la violencia legítima, investidos con el traje que le distingue de “los otros”. Se saltan la ley al no llevar una placa que les identifique para que todo acto que exceda sus funciones quede en total impunidad y sean "irresponsables ante la ley". Por eso denunciar a un policía es perder el tiempo. ¿Por qué se les permite no llevar en un lugar visible la placa que les podría identificar ante un exceso? Obviamente no es un descuido sino una estrategia para que sean "indenunciables", y como no puedes denunciarles a todos, no puedes denunciar a ninguno en particular. Deberían llevar esas placas identificativas, pero, sencillamente, no las llevarán. ¿podemos el resto de los ciudadanos negarnos a darles nuestro DNI cuando nos lo requieren? Pues no. Queda muy claro algo que ya sabíamos: no todos somos iguales ante la ley.

Ya lo vimos en la “primavera valenciana” cuando atónitos vimos en todos los telediarios como apaleaban sin escrúpulos a estudiantes desarmados, y menores de edad; acabamos de verlo el #25S, y lo veremos cada vez que reciban la orden de cargar contra los ciudadanos.

Cuando se quitan el casco, la porra y el fusil, los policías vuelven a ser el pueblo… mandan a sus hijos al colegio, llevan a sus enfermos a los hospitales y quizás, por una jugada del azar se encuentren cara a cara con ese ciudadano anónimo al que le partieron la cabeza con la porra y que es el médico que ahora puede salvarle la vida a su padre, o que esa mujer a la que arrastraron calle abajo sin miramientos, es la profesora de sus hijos, o de sus sobrinos en la escuela pública.

Ver el #25S a la señora Cifuentes celebrando la carga policial brutal contra los ciudadanos, calificándola de “proporcionada” y escuchar al Ministro del Interior celebrando la tarea de unos agentes que entraron en una estación pública de trenes como Atocha, disparando pelotas de goma a diestro y siniestro mientras los ciudadanos esperaban sus trenes fue esperpéntico . Imagino que sin muertos, toda actuación de la policía puede y debe ser considerada “proporcionada”.

Globalizada la precariedad laboral y globalizada la inseguridad ciudadana, la globalización de la violencia es el corolario de una tercermundialización también global, de la que cada vía vemos los efectos.

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