sábado, 8 de octubre de 2011

MARIANO RAJOY: hombre que descubrió la virtud de callar mientras sus acólitos verborrean.




Mariano Rajoy sigue sin concretar nada sobre su programa electoral. A menos de 50 días de la cita con los electores que celebrarán la fiesta por excelencia de la democracia, Mariano no responde, no se moja y tampoco arremete de forma despiadada contra Rubalcaba, su adversario. Sigue con esa templanza que llega a ser “calma chicha” y “desespero” para otros, pero que a él tan buenos resultados le ha dado.

Rajoy ha crecido como líder de la oposición guardando silencio y ha desactivado los amagos de disidencia que surgieron dentro de su propio partido con respecto a su capacidad de liderazgo con la estrategia de la mudez. Son méritos extraordinarios.

¿Dónde ha encontrado Rajoy esta sabiduría del silencio? Me arriesgo a aventurar que Mariano Rajoy debe ser un gran conocedor de las Sagradas Escrituras y que guarda los preceptos sobre “la virtud de enmudecer”  y el consejo del santo Job sobre “el azote de la lengua” (Job 5:21).

Por eso, ante cualquier aspecto que pueda resultar controvertido, Rajoy calla. Si queremos enterarnos de algo de lo que piensa hacer, debemos escuchar a Cospedal, a Montoro, a Esperanza Aguirre y sobre todo a Pons, que no escatima en epítetos para descalificar cualquier propuesta que haga Rubalcaba. Para todos estos voceros del PP, el lugar de la lengua siempre está lo más lejos posible del paladar.  

González Pons debe tener referentes muy distintos a Rajoy y en vez de la templanza cultiva la imprudencia;  debe tener como libro de cabecera un diccionario de improperios. Siempre llega de casa con la descalificación ya preparada para darle rienda suelta a su lengua,  soltando como mínimo un par de excesos verbales como corolario en cualquiera de sus declaraciones.

Rajoy, el hombre virtuoso que sabe callar, está rodeado de incontinentes verbales, de imprudentes acólitos que no paran de hablar y que hacen –con ese hablar licencioso-  un “contrapunto” a sus silencios.


Con más de 15 puntos de ventaja en las encuestas, con todo su electorado activado, contando las horas para depositar en las urnas la papeleta que lleva su nombre y que le dará una victoria sin precedentes, Rajoy no necesita hablar. Cualquier cosa que diga podría resultar inconveniente y saber administrar los silencios y economizar discursos le ha dado una sabiduría que no va a desperdiciar.

Los votantes del PP, a fin de cuentas, no necesitan conocer el programa de Rajoy porque creen en él y harán de su voto un ACTO DE FE, que implica confiar en Rajoy y en la providencia.

Rajoy no necesita arriesgar nada y parece guardar este sabio precepto bíblico:

[…] Para no pecar con mi lengua, guardaré mi boca con freno…(Salmos 39; 1,2)

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