domingo, 10 de julio de 2011

LA LÓGICA DE LA CORRUPCIÓN: UN ANÁLISIS COMPARATIVO ENTRE LA POLÍTICA Y LA UNIVERSIDAD.

Viñeta de Manel Fontdevila para Público. PUBLICO.ES

La presencia de corruptos y los escándalos de corrupción, inundan las filas de prácticamente todos los partidos políticos. Sin embargo este fenómeno que debería ser totalmente deleznable parece no pasar factura a ninguna sigla política entre sus votantes. Como antropóloga me interesa mucho analizar por qué está sucediendo esto y entender qué lógica orienta estos comportamientos sociales de aceptación de la corrupción.


Se me ocurre realizar una comparación que puede iluminar este fenómeno que podría resultar ininteligible.
Imagínense que un buen día llego a mi universidad, y al terminar mis clases, sustraigo de la sala de ordenadores un flamante Mac, y me lo llevo a casa. No me escondo; lo hago como si tuviera autorización para ello y paso por delante de los bedeles y hasta les saludo. Al día siguiente, repito la misma acción, esta vez con un ipad que estuviera en la mesa, en secretaría y así sucesivamente. Como se me da muy bien y todo continúa con total normalidad, continúo sustrayendo todo lo que veo y como no me cabe en casa, lo vendo e ebay y me busco un asistente para que me ayude con las ventas de todo lo que desfalco en mi universidad. ¡El negocio va muy bien y ya mi sueldo se duplica! Al asistente también el pago un buen sueldo.


De repente, me llama la directora y voy a su despacho. Acudo a la hora indicada y he aquí que me comunica que me asciende a Jefa de Estudios y me sube el sueldo. ¡Menudo alivio!


Decido dar un paso más y se me ocurre venderle a mis estudiantes las respuestas de los exámenes; a muchos les interesa y comienzo a recibir dinero en pequeños sobres que traigo a mi casa y que hacen que mi sueldo se multiplique de forma exponencial. Pero algunos estudiantes me denuncian a la dirección, porque encuentran deplorable esta práctica. Le enseñan a la directora mensajes míos y vídeos realizados con sus teléfonos móviles donde queda claro que vendo las respuestas de los exámenes, y para sorpresa de los estudiantes, la directora sale en mi defensa y les dice que hasta que un juez no me condene, soy inocente, y les advierte que hasta el día en que salga la sentencia, me ampara la presunción de inocencia. A mi me sube la moral esta defensa a ultranza de mi jefa, y camino por el campus con la cabeza todavía más alta. Pasado el alboroto, la directora me llama su despacho nuevamente y esta vez, me comunica que dada mi impecable trayectoria académica ha decidió proponerme como aspirante a catedrática. Continúo en mi puesto de trabajo y espero el nombramiento.


¿Podría ser verosímil esta historia? Imposible, ya lo sé. Pues bien, en política esta historia es bastante frecuente y nadie se sorprendería. Políticos presuntamente delincuentes, imputados por enriquecimiento ilícito, prevaricación, cohecho, tráfico de influencias y toda clase de delitos habidos y por haber, -e incluso condenados-, no solo mantienen su puesto de trabajo sino que ganan votantes y arrasan con mayoría absoluta en las elecciones. Muchos tienen la suerte de que al final, prescriban los delitos.


¿Qué puede producir este estado de anormalidad anti-democrática?


En mi opinión, la ciudadanía ya no aspira a que los políticos sean honorables y sean y parezcan honestos; esa batalla ya la han dado por perdida. La cuestión se ha desplaza al “más”, o sea, “quién es más corrupto” y ante las opciones (tan limitadas) que tienen  intentan votar a quien consideran que robará menos, mejor o con más estilo, ...y por supuesto que la fidelidad a quien siempre han votado se mantiene, pase lo que pase.
De modo que las acusaciones de “quién tiene más casos de corrupción en sus filas” se convierte en una especie de Trending Topic y unos y otros se atrincheran en la defensa de sus propios corruptos, que siempre serán mejores que los corruptos ajenos.


Esta es la lógica de la corrupción política.


Por cierto, en la universidad no hubiera podido salir con el Mac robado por la puerta y no hubiera podido volver a dictar una sola clase más en mi vida si se me hubiera ocurrido vender las respuestas de los exámenes a los estudiantes. Probablemente mi nombre habría quedado tan desprestigiado en el mundo académico que en ninguna universidad me contratarían si se llegaran a conocer mis antecedentes.


La lógica de la universidad, es “otra lógica”.

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