martes, 19 de julio de 2011

Brasil: corrupción democrática vs corrupción egoísta.

Suelo visitar Brasil con bastante frecuencia por motivos académicos y personales, de modo que Brasil ya es como mi tercera patria. Me encanta escuchar cómo los brasileños expresan su visión de la vida, sus opiniones políticas y sus preocupaciones por lo cotidiano.

El otro día estuve hablando con algunos alumnos y profesores sobre los escándalos de corrupción en los 8 años de gobierno del ex-presidente Lula, tan valorado fuera de Brasil y tan controvertido aquí dentro por los múltiples escándalos de corrupción que jalonaron su presidencia.  Su gobierno tuvo casos de auténtico escándalo, como el enriquecimiento (in) explicable de su hijo "Lulinha", que pasó de empleado de un centro de conservación ecológico a multimillonario y empresario de éxito justamente en los 8 años de presidencia de su padre. A este hijo millonario hay que sumar los innumerables casos de políticos, asesores, y toda clase de cargos públicos que tuvieron que dimitir por corrupción y enriquecimiento- Estos escándalos fueron el pan de cada día.

El gobierno actual de Dilma Rousseff, -la sucesora de Lula-,  ya presenta los mismos síntomas: 4 ministros ya han sido invitados a dimitir por las mismas razones: corrupción y enriquecimiento ilícito.

Obviamente todos coincidían en que la corrupción es algo  tan generalizado e histórico en Brasil que será imposible acabar con este problema: TODOS ROBAN. Sin embargo, esta animada discusión tuvo un final muy interesante. Alguien dijo que, la diferencia entre la corrupción del  PT (Partido de los Trabajadores), partido de Lula y  de la actual presidenta Dilma Rousseff  y la corrupción de los gobiernos anteriores de la derecha, era que la corrupción y el enriquecimiento de muchos políticos del gobierno de Lula se producía a la vez que este mismo gobierno entregaba cestas básicas de alimentos a los más pobres y pagaba a las familias una cuota por cada hijo escolarizado; el gobierno de Lula mientras era salpicado de escándalos de corrupción, mejoraba poco a poco la condición social de los más pobres, de modo que -de alguna manera-, los pobres también recibieron "algo" del gobierno.

Los gobiernos de la derecha se enriquecieron sin dejar nada para los pobres, sin repartir. Los brasileños detestan el egoísmo y ese tipo de actitud les resulta insopotable.

Esta corrupción diferente que practicaba Lula y que ahora se practica en el gobierno de su sucesora Dilma Rousseff es más democrática, les incomoda menos y es -en cierto modo-, más aceptable para los brasileños.

¿Tiene algún sentido para nosotros esta "visión brasileña" de la corrupción?

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