martes, 1 de noviembre de 2011

LA UNESCO: CON PALESTINA Y SIN DINERO. EE.UU. sufre un ataque antidemocrático y le retira su subvención.



Las democracias occidentales se resquebrajan por la crisis, pero no solo por la económica, sino por la crisis de principios y valores. Considero que la Guerra de Iraq fue un punto de inflexión importante en este derrumbe de valores porque reveló que EE.UU., la democracia por excelencia, estaba dispuesta incluso a fabricar pruebas falsas para consumar una venganza irracional, ante los atentados del 11S. La Guerra de Iraq reveló, además, que ante la llamada del Imperio los demás países y socios podían taparse la nariz y hasta los ojos. De nada sirvieron las manifestaciones a nivel mundial contra una guerra ilegal, inmoral que solo ha dejado más muerte y más terrorismo que el que pretendía evitar.

A este desafortunado evento y conjuntamente, se desarrolló otra guerra en Afganistán contra un enemigo más difuso; después de 10 años, de  innumerables víctimas colaterales, miles de millones de dólares (mal) empleados, un comando de élite logra ejecutar a Bin Laden de forma extrajudicial, violando un precepto básico del derecho internacional. Es el fin que ha justificado todos los medios y todas las víctimas. Todo vale.

Las “primaveras árabes” sorprenden a las democracias occidentales que no se esperan que los pueblos oprimidos y seguidores del Islam salgan a las calles a derrocar a sus tiranos; caen algunas dictaduras, incluso algunas dictaduras democráticas, como al de Egipto, que durante años había sido amparada por occidente. Pero en Libia, Gadafi se niega a correr la suerte de Mubarac y planta cara a occidente. Esta vez, la OTAN decide proteger al pueblo libio del tirano, -otrora amigo de todos los países que se unieron para bombardear Libia-, y después de meses de asedio, apoyando a los rebeldes, Gadafi es ejecutado extrajudicialmente y las imágenes de la ejecución recorren el mundo. La señora Clinton se siente reconfortada y Obama advierte que ahora el mundo es más seguro sin Gadafi. La Ministra de exteriores de España, celebra el “fallecimiento” de Gadafi… quizás porque llamarlo por su nombre sería políticamente incorrecto. Las democracias occidentales no condenan una ejecución extrajudicial; al contrario, la celebran.

Palestina toma otro camino: exigir ante la ONU su reconocimiento como estado. EE.UU. e Israel lo impiden porque tienen derecho de vetar todo lo que no les guste, pero Abbás sale reforzado ante su pueblo y ante el mundo y la ONU se parece cada vez más a un parque temático, una especie de Disneyland internacional, donde EE.UU. y los países con derecho a veto tienen la llave del carrusel y de la montaña rusa. Pero Abbas deja claro que no piensa cejar en el intento. No hay vuelta atrás.

Ayer la UNESCO, después de una votación democrática, admite a Palestina como miembro y EE.UU e Israel, de forma inmediata, retiran los fondos con los que apoyan a esta organización. Esta actitud hostil y antidemocrática es la enésima señal de fragilidad de los principios que habrían de inspirar una democracia norteamericana que nos han vendido siempre como modélica; una democracia capaz de hacer todas las guerras que sean necesarias para imponer un sistema democrático donde no lo hay, pero que se muestra incapaz de aceptar el veredicto de la UNESCO.

Fidel Castro debe estar que no cabe en su chandal Adidas de indignación ante tanta hipocresía occidental y nos dirá algo muy pronto al respecto en el Gramma;  Mahmoud Ahmadinejad se revuelve en su alfombra persa de júbilo ante este festín que le pone en bandeja EE.UU. El Assad respira tranquilo porque sabe que ni EE.UU. ni la OTAN se atreverán con Siria, porque se puede “afganizar” todo Oriente Medio.

Si las guerras no sirven para implantar democracias y tampoco sirve pedir democráticamente en la ONU el reconocimiento del estado palestino después de décadas sufriendo el acoso sin piedad del estado de Israel y si EE.UU. tampoco puede aceptar el resultado de una votación democrática en favor de la pertenencia de Palestina a la UNESCO, podrían explicarme ustedes, señores Jefes de estado, señores del universo, ...

¿Qué alternativas nos quedan?

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